Ni líquido, ni sólido

Originariamente, la textura del jabón no era ni líquida, ni sólida. Los sumerios ya mezclaban cenizas vegetales con aceites naturales y pronto se percataron del efecto curativo de este ungüento alcalino. Con el fin de mejorar su bienestar y su salud, los teutones y los galos usaban productos blandos, similares al jabón, que por lo general hacían usando sebo de cabra y cenizas de madera.

Fueron los romanos, conocidos por su amor a los placeres de la vida, quienes por primera vez percibieron el efecto purificador del jabón. Para ellos era parte del «vita frui» es decir, de «disfrutar plenamente de la vida» en todos los sentidos.

En el siglo VII, en Oriente Medio se empezaron a usar soluciones alcalinas además de aceites como materia prima. Estas soluciones alcalinas son las que hacen que el jabón sea tan resbaladizo. Es a partir de este momento cuando el jabón adopta su forma sólida. Al contacto con el agua, las pastillas se volvían resbaladizas y producían una solución jabonosa que además de limpiar, cuidaba la piel. Estas son las mismas características que asociamos con este tipo de jabón hoy en día.

Con la llegada del jabón sólido, también se adquirió una nueva cultura del baño. La limpieza corporal se convirtió en un acto estético – aunque de vez en cuando el jabón se le resbale a uno de las manos. Pero eso también puede resultar trés, trés atractivo.

Los fabricantes de jabones dejaron correr su creatividad, experimentando con fragancias y colorantes, haciendo de estos un producto tanto de aseo como de belleza. Después de lavarse, uno quedaba perfumado y la piel se sentía fantastique. El jabón en sí adoptó formas genuinamente llamativas y se empezó a usar incluso para decorar el baño. Se convirtió en un producto estético.

En los últimos tiempos, los jabones líquidos, con dispensador y en botella de plástico, han conquistado los hogares, perdiendo así su sensualidad a pesar de los envases de diseño. El plástico siempre será plástico y nunca ofrecerá la misma experiencia táctil.

Los fabricantes de jabones líquidos emplearon argumentos muy convincentes: las pastillas de jabón dejan manchas, dañan las superficies e incluso han llegado a decir que son poco higiénicas porque retienen la suciedad después de su uso y por supuesto que son resbaladizas. Sin olvidarnos de que el jabón líquido es más fácil de «dosificar», rinde más y, por lo tanto, es más económico a pesar del precio más elevado. Estos aspectos sumamente funcionales hicieron que un producto de aseo de tradición centenaria pasara de moda, pero no llegó a caer completamente en el olvido.

Con la creciente sensibilización con el medioambiente y la salud, especialmente con el uso de envases de plástico y los ingredientes, los jabones sólidos están resurgiendo por ser productos «orgánicos».

Las personas buscan productos alternativos para el cuidado corporal y están redescubriendo las fórmulas tradicionales y la experiencia sensual del tacto del jabón con la piel y el acto casi meditativo de enjabonarse… o ser enjabonado por otra persona.

Para evitar los problemas con los restos de jabón y los jabones resbaladizos, Savont nos ofrece la solución perfecta: el sujetajabones de Savont con el que flota el jabón. De esta manera nos podemos concentrar en el acto purificador, estético, meditativo y sensual del cuidado corporal. Violà – amo los jabones y enjabonarme de la forma más natural.

Salut et à bientôt, Michelle Savont